Nemedjäh

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domingo, abril 04, 2004

MI QUERIDA VÍCTIMA DEL SUSPENSE

Mi novia, a la que como es de suponer quiero muchísimo y todo lo que diga de ella es poco, disfruta cuando vamos al cine, práctica normal y entretenida para todos nosotros. Algunos días invita ella y otros yo y bueno, esto es lo normal en todas las parejas, no?
Pero seguro que a más de uno le ha pasado que, viendo una película de miedo, súbitamente su media naranja se abalanza sobre su butaca para espantar el miedo abrazandolo hasta que encoja un par de tallas y a partir de ahí cual sanguijuela no separarse hasta que salen los créditos.
Pues mi novia, efectivamente, es de las que pasa miedo en el cine pero, a diferencia de mucha gente, ella sufre con las escenas de sustos repentinos y no lo puede evitar (yo por ejemplo voy al cine siempre relajado porque, entre otras, admito que también me asusto y aún recuerdo el grito que pegué en Independence Day cuando el marciano aquel saca al científico ese con pinta de loco contra el cristal y habla a través de él así que intento siempre mantener la calma) así que no la llevo a ver películas de terror o suspense.
Cuando fuimos a ver Kill Bill fue todo un drama ya que ella por su sensibilidad lo pasó mal pero, claro, yo, que no soy menos sensible, disfruté mucho la película y ante tal conflicto de opiiones ella lo pasó peor.
Y a estas alturas, ¿por qué hablo de esto? Pues vereis desconocidos lectores, ayer fuimos a ver un, en mi opinión, grandísimo truño llamado Vidas Ajenas en la que un reparto conocidillo sufría, sangraba y se las veía canutas para detener a un asesino inspirado en las obras maestras de Hitchcock pero como es ya costumbre un grupo de "modernos" y presumiblemente imberbes guionistas destrozan más que la cara de las víctimas. Sustos fáciles, truquillos chorras y unos cuantos clichés de lo más mediocre.
Mi novia estaba más pálida que mi melnibonés preferido y claro, yo que ya no sólo me lo temía sino que ya lo preveía (de hecho había sugerido ver mejor Hermano Oso de Disney o la del Mortensen), no sólo me tragué ese pastelazo sino que veía a mi novia deseando que terminara la película la pobre mía.
Obviamente no me enfadé por esas cosas, no es mi estilo, pero me ratifiqué en mi posición de no ir a ver más películas de ese estilo y, espero que esta vez, dure mi palabra.
Esto me trae a la cabeza unas palabras del genial Santiago Segura, una inteligentísima eminencia en el mundo del cine, quien al ser preguntado sobre la violencia en el cine y la televisión respondió pidiendo que le insulten y odien y descarguen toda la violencia que la gente pueda sobre él y luego sean los pacíficos vecinos que son o sea, que usemos la violencia en el cine para olvidar la violencia real y que así sea esta la única violencia que concibamos.
Pero claro, así lo veo yo, que me he tragado grandes abominaciones de serie B de años 80 con orgías de sangre estudiantil y animadoras degolladas en el momento de su desfloramiento y a diferencia de mi santa veo estas películas como un entretenimiento, macabro, si, pero propio de una época que al tener recuerdos más que vivencias me gusta ver, pero me estoy escapando del tema.
En resumen, tengan cuidado con sus compañeras a la hora de ver una película o algo así creo que debo recomendarles ya que sem e ha ido bastante la olla con este tema pero recuerden, sus novias pueden ser las próximas víctimas.

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